Superado el fin de semana, el momento en que el festival concentra la mayor atención de medios y público, cierta tranquilidad reina en San Sebastián. Ya han desfilado por aquí los famosos más codiciados (a la espera de la llegada de Meryl Streep en los últimos días del festival), los paseantes ocasionales de sábado y domingo han vuelto a sus casas, por lo que ahora queda más tiempo para centrarse en las películas.
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No ha despertado mucho entusiasmo un film con probable proyección comercial, El niño con el pijama de rayas, adaptación del best seller homónimo de John Boyne a cargo de Mark Herman que pretende aprovechar el tirón del original literario. Con más benéplácito se acogió Genova, de Michael Winterbottom. Este británico es un habitual del certamen donostiarra donde ha presentado 9 Songs y A Cock and Bull Story, además de ser objeto de una retrospectiva en 2003, y este su tercer film a competición podría ser su vez vencida. Igualmente ha conseguido alabanzas La belle personne del a menudo sobrevalorado Christophe Honoré, un director apenas conocido en nuestro país a pesar de considerarse uno de los cineastas más importantes del cine francés. La belle personne actualiza el clásico de la literatura francesa La princesa de Clèves de Madame de La Fayatte trasladado a un instituto contemporáneo. Y vuelve a contar, como es habitual en el cine de Honoré, con Louis Garrel como protagonista. Otro film con posibilidades llegó apadrinado por el premio en Sundance concedido por un jurado con Quentin Tarantino a la cabeza. Y eso que Frozen River, de la debutante Courtney Hunt, poco tiene que ver con el cine del director de Pulp Fiction en su visión de la relación entre dos mujeres supervivientes dedicadas a introducir inmigrantes ilegales en Estados Unidos.

El cine español a concurso ha hecho su primera aparición de la mano de Belén Macías. Esta directora que consiguió cierto renombre en el mundo del corto con títulos como el muy meritorio Mala espina (2000) acaba de debutar en el largo con El patio de mi cárcel, retrato del esfuerzo de un grupo de presas para tirar adelante una vida más allá de las rejas a través de su implicación en el montaje de una obra teatral. Como ha declarado la propia directora, el film se inspira en la historia real de Las Yeses, una compañía nacida en la penitenciaría de Yeserías, en Madrid, que actualmente sigue funcionando en el Centro Penitenciario de Madrid I Mujeres en Alcalá de Henares y, supone, en palabras de su autora, un voto “a favor de la reinserción a través del arte”. La película además supone un cambio de registro para su protagonista Verónica Echegui, la Juani de Bigas Luna. El patio de mi cárcel forma en Donosti una inesperada sesión doble con otro título de Zabaltegi, también presentado estos días, Leonora del argentino Pablo Trapero. Leonera se acerca igualmente al universo de unas mujeres encerradas en una prisión con el mérito de huir en todo momento de cualquier tópico del cine y el melodrama carcelario, y mantenerse como una película perfectamente creíble que se desarrolla con pulso de hierro, sin un solo bache en su recorrido melodramático.

Desafortunadamente, la realidad hace más vigente que nunca la segunda película española a competición que se presenta oficialmente este tarde del jueves. Tiro en la cabeza de Jaime Rosales es la nueva propuesta del director que conquistó inesperadamente los Goya con La soledad. Rodada en apenas dos semanas con un equipo artístico y técnico mínimo, Tiro en la cabeza reconstruye a través de la ficción el asesinato de los guardias civiles Fernando Trapero y Raúl Centeno el año pasado en las Landas francesas. Lástima que hechos como éste no formen parte ya solamente de ficciones retrospectivas.
Y en su presentación ante la prensa la película no ha resultado exenta de polémica. A pesar de la austeridad de la propuesta de Rosales, el terrorismo etarra encrespa los ánimos hasta el punto que un periodista ha acusado al director de connivencia con la banda por un gesto humano que aparece en el film.
Eulàlia Iglesias

